24 Horas Ford: Crónica de una victoria trabajada

18 junio, 2013

Con el paso de las horas, vamos tomando conciencia de lo que se ha conseguido: ¡Hemos vuelto a ganar las 24 Horas Ford y el premio de 38.000 € para nuestro proyecto en Sri Lanka!

Ha sido un sueño hecho realidad. Un cuento con final feliz. Y como todo cuento, tiene un comienzo.

Todo arrancaba el pasado viernes a las 17 h. Los nervios, el entusiasmo y la ilusión se desbordaban por las cuatro paredes del Box 8 donde la Fundación Gomaespuma y nuestro patrocinador AS teníamos instalado nuestro centro de operaciones, cuando el banderazo de salida daba comienzo a la competición.

Nos marcamos un simple y único objetivo: llegar a meta con la gasolina suficiente para terminar la carrera, y en la posición más alta posible.

Puede que sea un objetivo obvio y que todos los equipos también hicieran, pero en una competición de 24 horas de duración, muchos son los imprevistos que pueden ocurrir durante su transcurso: desde un fallo mecánico, un error en una trazada… hasta una penalización por no cumplir los horarios estipulados de cambio de piloto. No se trata de correr más rápido, ser el primero al pasar la primera curva, o marcar la vuelta rápida del circuito; todo lo contrario. Con un número limitado de gasolina -235 litros- y 4 ruedas de recambio para toda la competición, debes llevar el Ford Focus Sport 1.0 Ecoboost a meta tras 24 horas de carrera.

Las horas fueron pasando y nuestro coche se situaba en la mitad baja de la tabla; sólo la confianza en que nuestra estrategia de paradas, repostaje y de cambio de ruedas, nos hacía apostar por quedar entre las primeras posiciones.

Al llegar la madrugada, nos sorprendimos del ambiente que se vivía en el circuito; el compañerismo entre las distintas fundaciones que competíamos, la música, la barbacoa… todo se juntaba con el ruido de los coches pasando por línea de meta, que nos mantenía despiertos y atentos a lo que nuestros valientes y solidarios pilotos necesitaban en cada momento.

En la pantalla de tiempos el reloj marcaba puntualmente las horas que llevábamos compitiendo; 16, 17, 18, 19, 20 horas… Nuestro coche iba ascendiendo en la clasificación y pasamos del octavo puesto hasta alcanzar el cuarto. Todo iba según lo que teníamos previsto -colocarnos entre los cuatro primeros en las últimas horas de la carrera-, hasta que saltó la sorpresa: a falta de poco más de dos horas pinchamos una rueda.

La rápida reacción de todo el equipo hizo que no perdiéramos casi tiempo y volviéramos a poner el coche en pista en la misma posición. Se había perdido tiempo, sí, pero seguíamos optando a la victoria. Sólo el alto ritmo de vuelta que realizaban los coches de delante nos hacía dudar de nuestra estrategia, pero no podíamos comprometer el consumo: el coche debe de llegar hasta el final.

En los últimos relevos, alcanzamos la tercera posición. Viendo que las dos primeras posiciones parecían inalcanzables y que le sacábamos cierta ventaja al cuarto, nos conformamos con llegar a meta en el último escalón del pódium.

Cuando sólo faltaban unos segundos para cumplir las 24 horas de carrera, comenzó un auténtico carrusel en el que nadie entendía nada de lo que pasaba en pista. El coche que iba en cuarta posición, se nos acercaba a pasos agigantados; sin embargo, los dos primeros habían bajado tanto el ritmo, que les estábamos recortando la distancia con la misma rapidez. Y llegó el frenesí.

El reloj de carrera marcaba las 24 horas, y sólo quedaba por realizar una vuelta. En la pantalla, el coche número seis, el de la Fundación Gomaespuma-As, aparecía en la primera posición y un estallido de gritos no nos dejaba oír lo que nuestro piloto nos confirmaba por radio: los dos coches que iban en primera y segunda posición, se había quedado sin gasolina.

Cuando el coche enfilaba por última vez la línea de meta, el muro estaba repleto de gente para recibir al campeón. Lo logramos. ¡Hemos ganado la X Edición de las 24 Horas Ford!

La carrera finalizaba. Ya no se escuchaba el ruido de los motores. Una mezcla de gritos, lagrimas y abrazos desbordaba el pit line en una explosión de completa alegría. Atrás quedaban los nervios, la tensión y la incertidumbre. No importaba que no hubiéramos dormido durante las últimas 24 horas. ¿Quién se acuerda de eso ahora?

Ahora llega la parte más importante: la construcción de un centro preescolar para 100 niños y niñas en Sri Lanka. Los 38.000 € que Ford España nos entregó por ganar la carrera, viajarán los 8.984 kilómetros que separan Madrid de Sri Lanka, donde los Hermanos Franciscanos los recibirán como maná caído del cielo.

Desde estas líneas, quiero dar las gracias a nuestros embajadores -José Luis García Pérez y Darío Barrio-, a nuestro pilotos solidarios -Juan Carlos Bresó, Tomás de Cos, Pipo López, Manuel Gómez-Blanco, Rogelio Camargo, David Ayala, Xavier Vilanova y Antonio Chicote-, y a nuestro coordinador Joan Mussull, por esa entrega y total compromiso para que nuestro equipo alcanzara la victoria.

Por último, también quiero dar las gracias, especialmente, a Ford España por dejarnos participar un año más, y seguir apostando por una prueba que tantas alegrías está llevando a muchos rincones del mundo.

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