Sri Lanka: El proyecto de becas de la Fundación Gomaespuma llega a la universidad

19 julio, 2011

Cuarenta niños y niñas de Batticaloa podrán iniciar sus estudios universitarios gracias al proyecto de becas puesto en marcha por la Fundación Gomaespuma tras el maremoto de 2004.

Batticaloa, situada en la costa este de Sri Lanka, fue una de las regiones más castigadas por el tsunami de diciembre del 2004. Duró, apenas, quince minutos pero la devastación fue total. Según estimaciones de entonces, la ayuda para reconstruir la zona sería necesaria durante los próximos cinco años y, para los huérfanos debería mantenerse diez años más.

En el año 2005, la Fundación Gomaespuma se personó en la zona a la llamada de los Hermanos Misioneros Franciscanos y se encontró con que, además de las destructivas consecuencias del maremoto, la guerra había resurgido. Como siempre, las principales víctimas eran los niños, y más vulnerables aún, los huérfanos del tsunami. Las temidas fuerzas guerrilleras tamiles reclutaban a menores para sus tropas desde hacía más de veinte años y ellos eran los candidatos perfectos.

Se decidió, entonces, poner en marcha un proyecto de becas para doscientos niños y niñas de cuatro religiones diferentes: budistas, cristianos, musulmanes e hinduistas, lo que, además, añadía un componente integrador.

El proyecto abarcaba la financiación de comida, material escolar y salud básica de esos doscientos niños durante un periodo de tres años, a través de un sistema de becas que sigue vigente y que ya ha dado sus primeros frutos.

Éxito del proyecto

Actualmente, y tras poco más de un año de paz, cuarenta niños y niñas de Batticaloa han conseguido terminar su educación secundaria con éxito, gracias a las aportaciones de los socios de la fundación. Por eso y, tal y como está establecido, cada uno de ellos va a recibir su libreta de banco para que puedan continuar con su formación.

Las becas de la fundación Gomaespuma

Las becas de la Fundación Gomaespuma constan de dos partes. Por un lado, están los fondos que se entregan a las familias, que viven en once localidades diferentes, y que son visitadas mensualmente por los Hermanos Misioneros Franciscanos, quienes colaboran con la fundación sobre el terreno. Por otro lado, parte se deposita en una cuenta bancaria a nombre de cada uno de los becarios.  
El becario sólo puede disponer de ese dinero una vez acabe sus  estudios de secundaria  ya que las cartillas están en poder de los Hermanos.
De esta manera, se va haciendo una hucha para que cuándo terminen sus estudios cuenten con fondos suficientes para comenzar la universidad. Esta salida, que suele ser la más habitual, no es una condición indispensable, ya que pueden usar ese dinero de la manera que más les convenga para labrarse un futuro.

Curra Fernández

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